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Así Caí Fulminado
...donde ciertas personas contarán su experiencia mística...
Javier Díaz-Seco:
"Days like this"
Era noche larga y yo volvía a mi casa a derrotarme fumando un cigarrillo delante del televisor. Mi ánimo no era el más esplendoroso en esa noche y encendí el aparato donde estaban emitiendo un programa donde Le entrevistaban. El motivo, era porque tras salir de una depresión había parido Days like this. Me eclipsó en primer lugar el tono de voz. La entrevista avanzaba, y entre medias, incluían videos de alguna de las canciones del disco. Entrevistaron también a su mujer y a su hija. Y hablaban todos del proceso de depresión como un hecho de crecimiento para Él como artista y como persona. De cómo le había hecho superarse, cómo había pasado por el abismo y de cómo un día se le ocurrió mirar hacia el cielo y de repente darse cuenta dónde estaba la luz; pues lo único que había pasado es que estaba mirando hacia abajo. Mi televisor por aquel entonces era pésimo, pero aún así me impresionó mucho como fluían las canciones, sus melodías. Era como estar escuchando un mecano singularmente nada parecido a lo que había escuchado antes, perfecta y solidamente ensamblado.
Mi equipo para escuchar música si era bueno y al día siguiente compré el CD. Cuando escuché underline depression Caí fulminado. Era el mismo proceso químico - hormonal - mental que había tenido con la música más parecido a un orgasmo sexual. No me pude levantar del sillón excepto cuando acabó el CD y lo volví al principio para volver a tener la experiencia. Las siguientes semanas y no recuerdo cuántas, lo ponía todos los días. Habían dejado de existir los otros ante tal hallazgo. El encumbramiento monocolor al que le tuve durante esa temporada me hizo descubrir grandes espacios en mi persona que tenía aún por descubrir. Entender el camino que vivimos y cómo. Me volcó su luz sobre mi penumbra.
Miguel Flor:
Pues soy de los que empezaron tarde escuchando a este monstruo musical, casi 30 años. En una tarde no recuerdo de cuando, pero si que estaba trabajando escuche un tema en la emisora de Radio M80, me impacto, pensaba que era un cantante negro (hombre de color), me llego tan profundo que no dude en hacer algo, que hasta ese momento siempre me había cortado, era llamar a la radio para preguntar, y di con un locutor amable que no dudo en darme todo tipo de explicaciones del disco, su autor, titulo del tema y nombre del CD, me lo deletreo perfectamente, pues mi ingles es nulo y cuando colgué, mi curiosidad ya había sido satisfecha momentáneamente, con la sorpresa que me dio, haciendo sonar dos temas mas dedicando lo mismos por la radio a mi persona.
Todavía recuerdo la dedicatoria, para un joven oyente nuestro de Villena. (Ahora ya no diría eso).
Lo siguiente fue esperar que llegara el fin de semana y acercarme a un centro comercial, (no quiero hacer publicidad) para hacerme con el disco en cuestión, era Days Like This, me impacto tanto el disco que desde ese día hasta mi primer concierto en Madrid, Palacio de Congresos, presentación de Back On Top (27-04-99) del TIO VINAGRE Y EL MAGO MERLÍN, como bien definió en su articulo del día siguiente en el periódico EL PAIS, Diego A. Manrique, no he parado de coleccionar todo lo que sale ya sean cd´s, vinilos, póster, libros, fotos colaboraciones, autógrafos, todo, todo lo que pueda obtener con relación a MORRISON. Así que este flechazo musical, que surgió sin buscarlo y de casualidad, ya va para 9 años, en el cual he descubierto verdaderas maravillas musicales y muy buenos amigos.
Miguel Flor
Antonio Soler:
A Van Morrison solo lo conocía a partir de artículos sobre en revistas y porque tenia un disco (Moondance) que había sido elegido en la "Serie Pioneros" hace ya de eso muchos años. Conocer, conocía muy poco. Me limitaría a Gloria, Brown Eyed Girl y poco mas...
En el verano del año 1997, me presentan el calendario de los conciertos que el Teatro Cervantes de Málaga ha preparado para ese año. Entre ellos estaba Van Morrison.
Seria intuición, seria por ver a una "vieja gloria", lo cierto y verdad es que compre una entrada (aun hoy maldigo el hecho de no haber ido a los dos conciertos que dio y solo a uno).
Para meterme un poco mas en el concierto, fui a una tienda de discos a comprar "el ultimo disco de Van Morrison". ...Era The Healing Game.
Recuerdo que cuando llegue a casa aquel sábado a mediodía y puse el disco,.....me frote los ojos, y pense "¿que coño es esto?,...¿tendrá mas discos como este?". Estas preguntas en el tiempo me han sido contestadas....
Aquella misma tarde, volví a la tienda a comprar "otro disco de Van Morrison, y....por favor, ..uno en directo"
En mis manos cayeron el Days Like This y el San Francisco.
Solo escribir estas líneas, la emoción me embarga y recuerdo la sensación que tenia en aquellos días esperando el concierto de Van Morrison. ....¡¡Ya me había pillado!!
No hace falta decir que el 25-07-97 en el Teatro Cervantes, fue el principio de algo que ha cambiado mi vida. Gracias a la música de Van entre en contacto con Van Hispano (siempre buscando la música del hombre), y es aquí donde, además de conocer una gente maravillosa, he podido seguir a este músico capaz de emocionarme en cualquier momento. Sensación que hasta esa fecha no había sentido nunca oyendo música.
Aun recuerdo perfectamente cuando salió la banda a tocar y Georgie Fame se puso a cantar Sack O´Woe...llego un momento en el que pensaba que él era Van Morrison, pero no....salió después con su sombrero, traje oscuro, camisa blanca con lo puños excesivamente largos, lo cual le molestaba y no hacia mas que arreglarselos,....y cantó. Canto Rough God Goes Riding (la primera canción que había escuchado realmente de él)....
A partir de ahí, compre el resto de su discografía, descubriendo lo gran compositor, músico y ante todo cantante que es.
Y con esto y un bizcocho..........¡¡hasta mañana a las ocho!!!
Antonio Soler
Alberto Lorenzo:
Mi viaje hacia Caledonia es un sinuoso camino lleno de curvas, callejones sin salida, cuestas arriba y abajo, agradables paseos, teletransportaciones múltiples y, ultimamente, barricadas y barricadas que me alejan del destino.
Todo empezó en el 92. Bilbao. Hymns To the Silence. Un compañero de facultad con muy buen gusto musical me comenta: el Van Morrison, la de años que lleva y no deja de sorprender el cabronazo con grandes discos. ¡Qué carallo!, me dije: habrá que darle una oportunidad a este irlandés. Novato de mí, me pillo el grandes éxitos y la cosa no pasa de ahí.
Año 93. Otra vez Bilbao; Otra vez Van. Otra vez un grandes éxitos que se cruza. ¡Qué carallo!, me dije una vez más: démosle otra oportunidad, sino a Morrisón sí al compañero éste que con tanto acierto me había aconsejado hasta entonces. Bueno. La cosa cambia. Hymns to the silence, ¡In the garden! No guru, no method, no teacher. TOCADO
2 canciones que me llevan a 2 discos: primero "No guru..." Me gusta esa voz, esos vientos, esto vale realmente la pena. Suena distinto. Es distinto. Ahora vamos a por el "Hymns to the silence". Me entra aún mejor. Esto funciona. Bien. Muy bien. "Take me back". HUNDIDO . "Take me way back, Take me way back, Take me way back,... y de ahí, ¡al infinito y más allá!
Coincide por entonces que se reedita la práctica totalidad de su obra a 995 pelas de las de antes.
Desde ese mismo momento, meto la marcha atras y van cayendo, uno tras uno, todos los trabajos de VTM desde el 93 hasta el "Beautiful Vision". Un año que aparco casi todo lo que no es Van y me dedico a este viaje iniciático.
La mayoría de las veces solo, luego con Jordá como guía (por entonces aún no se había editado el definitivo "Viaje a Caledonia" de Isabel y Miguel López) me va atrapando cada vez más y todo me va entrando cada vez mejor excepto un puñetero disco que se me resiste: "Astral Weeks".
Y una buena noche ocurrió: no sé que pasó pero me entró ¡y de que manera!. Recuerdo haber estado toda una semana machacándome el cd. En el trabajo. En casa. En casa. En el trabajo.... Nunca había sentido nada parecido con la música. A pesar de tener momentos gloriosos (Sobre todo "Madame George", "Beside you" y "Cipres Avenue") es el conjunto del disco lo que me dejó totalmente en fuera de juego.
ASÍ CAÍ FULMINADO.
Pero una vez recuperado, me levanté y fui corriendo a "Veedon Fleece", pasé por "St Dominics Preview" y comprendí irremediablemente que "It´s too late to stop now".
Cuando son los sentimientos los que te marcan el camino es difícil razonar qué tiene este hombre que no tengan los demás. Sin embargo estoy convencido de que si un día algun extraterrestre quisiera comprender qué es la música en estado puro aquí tiene voz, blues, canciones monumentales, energía, jazz, sentimiento, buen soul ...
De hecho, yo tengo la teoría de que un extraterrestre ya lo ha hecho: ha abducido a Van Morrison. Sucedió hace más o menos 10 años y el gordo en cuestión (Morris Vanson se llama) se dedica a la edición de olvidables discos y peores conciertos. Hasta que un buen día devuelva el hombre que lleva dentro y recupere la forma. O no.
Pero volvamos a donde estábamos: la difícil explicación de las emociones.
Me encanta Jeff Buckley,Neil Young, Tom Waits, Leonard Cohen, Dylan, y , últimamente ¡no se lo pierdan! el ¿relevo? irlandés Damien Rice.
También Janis Joplin y Billie Holliday. Los Smiths, Clash, Pixies, Talking Heads y Triana.
Pero sólo Van Morrison me lleva a sitios donde nunca nadie lo había hecho. Creo que la palabra es quietud y tiene que ver con que todo se detiene mientras Van gira a tu alrrededor. Si no sabes de lo que hablo coge el "It´s too late to stop now" y fíjate en el final del monumental "Listen to the Lion": el público tarda 2 segundos en reaccionar y aplaudir. El tiempo en volver a bajar.
Y ahí seguimos. Esperando la próxima elevación místicomusical. Disco a disco. Canción a canción. Y quien sabe si algún día, concierto a concierto.
Lo que sea por alcanzar Caledonia y evadirte un buen rato.
¿can you feel the silence?
Alberto Lorenzo
Javier Tabarés:
Me cuesta, me cuesta concebir un primer momento, un único momento y al verlo escrito, me digo, sí, ése fue, pero... ¿y aquel otro, qué?. Por lo tanto, no puedo responder cuándo caí fulminado. Son varios los que han formado el todo... la Maravilla. Hay, sí, determinadas pistas para identificar un impacto con una interpretación en estudio o en directo de Van Morrison. ¡Cómo me gustaría ser católico, en este momento y poder decir: “¡Me taladró el alma!”!.
La primera vez que oí de forma más o menos consciente que existía un músico llamado Van Morrison, fue allá por el 75. Mi hermano Carlos trajo a casa un single, un simple single promocional: por una cara, el Bulbs de Van Morrison y el Walk on de Neil Young, por la otra; aún lo conservo hoy. Estábamos a mediados de los 70, música disco por las emisoras (sonido Philadelphia, Soul Explosion e inventos de aquellos con la única finalidad de vender discos). Allí me tenías, con mis 17 años, con el Bettor Dual machacando ese vinilo que comenzaba con un bajo y una acústica y una voz rota, fuerte, personal, que contagiaba rabia y rompía con el estilo que nos intentaban imponer. Este músico, para mí desconocido, no cantaba, gruñía, casi ladraba y te sorprendía cómo intentaba sacar todo lo que intuías que atormentaba su interior.
A continuación y con el paso de los años, el goteo incesante de su música fue calando en mi sensibilidad musical y todo lo que escuchaba del irlandés lo incorporaba a mi baúl de imprescindibles. Quizás la apuesta por mi parte era poco arriesgada, había jugado sobre seguro, sobre una carrera de un músico inigualable y ya con unas cuantas joyas encima de la mesa.
La siguiente pista habría que buscarla en los conciertos, así en directo, él arriba diciendo lo de vais a conocer la Maravilla. Estos instantes inolvidables han aparecido de forma tanto individual en el 92 en el Conde Duque de Madrid como colectiva, en Donosti o Málaga. Supongo que fue en el concierto de Madrid donde determiné que iba a medir la calidad de un concierto por las veces que se erizaba mi piel. Y no me imagino el concierto de Málaga 2004 sin la presencia de buenos amigos. Sin la plena certeza de saber que todos los allí reunidos éramos conscientes del prodigio, de compartir esa sensibilidad hacia esta música que nos hace creernos afortunados; no diferentes, afortunados por saber apreciarlo. No hace falta preguntarlo al final de una actuación, basta que te miren a la cara, a los ojos, para comprender que ha vuelto a ocurrir.
Javier Tabarés
César García:
Era una vez que se era en el país de los cuentos y la ilusión que había un muchacho lleno de adolescencia pero que adolecía de todo lo que hace adolecer ese momento rebosante de hormonas. Era un día de Año Nuevo y dormitaba ya en el meridiano del día lo que de su cuerpo sobrevivía después de su primer derroche de noche en esa noche llena de sueños.
En ese ensueño estaba cuando vislumbró la luz a través del sonido de una melodía que lo removía entre las sabanas, lo desasosegaba porque le despertaba y luchaba contra ella arremetiéndose contra la ropa de la cama y ocultándose tras la almohada.
Mientras el intentaba protegerse dando la espalda notaba que algo en su cuerpo solicitaba la melodía a la vez que sus músculos brincaban entre suaves espasmos al son que aquella marcaba. Y la melodía subía su ritmo y a la vez se lo pedían sus fibras. Luchaba contra ese despertar inadecuado e inapropiado para las circunstancias pero algo menos mecánico empezó a pedir su oportunidad; su pensamiento buscaba a su entendimiento por que este también buscaba la melodía, el duermevela se desperezaba entre ritmos que se elevaban poco a poco y ya todo su cuerpo era una alerta en dirección hacia esa música que le entrecortaba la mente y el cuerpo.
Alguien abrió con la brusquedad que marcaba el compás musical la puerta de su habitación y las notas de aquella canción entraron con derroche, la luz casi con violencia y la figura en contraluz solicitaba su atención con exhortos amistosos. Con todo ello y como por arte de magia ya entendía con claridad que aquello era como una revelación y sin más concesión pidió la repetición de aquella prueba de realidad soñada. Aquel que se lo reveló volvió a un tocadiscos Beltor de aguja de diamante que retrocedió con esmero y cuidado. Y entonces ,remansado en un sillón, aquel adolescente que adolecía comenzó a regustar un inicio de toques certeros guitarra y voz iniciática que dejaba sumarse a otros instrumentos y todos en plena y perfecta fusión subían, subían hacia arriba,por encima.
La aguja del tocadiscos repitió su recorrido hacia atrás tantas veces como se deseó, mientras la melodía lo que hacía era llevar hacia adelante al que lo deseaba.
Llegó la tarde y con ella el sosiego de la trepidante mañana. Entonces aquel que fue figura a contraluz le dijo al adolescente que diese la vuelta al disco de vinilo, que dejase la aguja de diamante sobre la cara A, que se pusiese los cascos de música y que escuchase, que escuchase. Y lo hizo, y se dejó llevar por que no era posible no hacerlo y acabó la A y pasó a la B y en aquella tarde de Año Nuevo se permitió escuchar y sentir las dos caras tantas veces como se necesitó solo por puro deseo y placer.
Y al fin llegó a hacerse viejo el día nuevo de aquel año pero a partir de ese día nunca los días y sus noches serán iguales año tras año.
Así cayó fulminado un adolescente, que en un día de Año Nuevo, vislumbró la luz gracias a una figura en contraluz. Y a partir de ese momento surgió la magia mientras escucha, siente y desea, año tras año.
Banda sonora: La canción que le despertó Bulbs; el Lp que lo situó Veedon Fleece.
Agradecimientos a "la figura";su hermano mayor, por siempre.
César García
Juan José Colás:
La primera vez que oí hablar de Van Morrison debió ser a mediados de los años 70. Yo debía tener 15 años y ya hacía algún tiempo que había sido infectado por el virus del rock, esa música alternativa que había que esforzarse por descubrir (la radio y la TV de entonces apenas se hacían eco de ella) y que no dejaba de sorprenderme una y otra vez. Así pues, el conocimiento se transmitía de forma oral de persona a persona y, si se tenía mucha suerte, alguien te dejaba un disco o reunías unos ahorrillos para comprarlo.
Tardé mucho en poder escuchar a Van por primera vez. Creo que la primera referencia sonora que tuve de su música fue el “Gloria” en la voz de Patti Smith y, poco después, una recopilación de temas grabados en una casete: Eric Burdon y los Animals en una cara y Van Morrison y los Them en la otra. Aquella cinta abrió un nuevo filón en mi forma de entender la música: en una época en la que predominaba el rock sinfónico o el jazz- rock con sus elaboradas y barrocas estructuras, se me reveló con total intensidad aquella música primigenia que algunos denominan “rhythm&blues blanco”, tan directa y explosiva.
Gonzalo Garrido y su programa “Dominó” en la radio madrileña “Onda 2” me dieron a conocer, algo más tarde, a un Van Morrison más maduro, el Van de “Into the music”, música plena de matices construida sobre estructuras de soul, a veces intimista y a veces arrebatada. Pronto tuve la oportunidad de verlo evolucionar por primera vez sobre un escenario: sería en la película “El último vals”.
Terminaba la década de los 70 y daba la impresión de que con ella iba a desaparecer del todo aquél mágico espíritu iniciado en los 60 que tantas puertas había abierto y que tantas ilusiones nos había hecho albergar. Prefiero hacer una elipsis sobre los años 80 para no proyectar toda mi furia sobre el panorama musical cutre y reaccionario que caracterizó a esa década (desde aquí pido que sus responsables sean juzgados y condenados a escuchar sin tregua aquellos productos).
Pero llegó 1990. Y el “Avalon sunset”. Y la primera edición del libro de E. Jordá. Y el primer CD de “lo mejor de” nuestro hombre. Y la reedición en CD de todos los discos de Van. Y mis 30 años. Y los mayores reveses de mi vida. Todo ello y algunas cosas más, hicieron que me sumergiese en la obra de Van Morrison cual explorador que se aventura buscando sus paisajes soñados, sin temor a que le vaya la vida en ello. En poco tiempo me hice con todos sus discos oficiales.
Y Van Morrison continuó haciendo discos maravillosos: el hermosísimo “Hymns to the silence” (doble) –mi favorito-, el tremendo “A night in San Francisco” (doble en directo), el amable “Too long in exile” y el denso “The Philosopher´s stone” (doble).
Internet nos permitió acercarnos mejor al personaje, hasta entonces demasiado inaccesible, y entablar fácil relación con otros aficionados
Lo que vino después posee para mí menor interés, a excepción de alguna pieza -como esa desoladora “Ancient highway”-, pero no dudo que el Maestro volverá a regalarme pronto con otra obra maestra. Espero ansioso ese momento en el que, de regreso al encuentro consigo mismo, muestre la misma hondura de antaño al cantar y nos relate cómo se manifiesta, desde la atalaya de su edad, la magia de las cosas sencillas.
Juan José Colás
Javier Melgares:
Pues de algo así podríamos hablar cuando el 1 de marzo de 1996 escuché por primera vez en directo a Van, fue en Murcia, con aquella mítica banda que tanto añoramos, Georgie Fame, Brian Kennedy, Pee Wee Ellis, Hají Akbar … ¡ y cómo sonó aquella noche ¡ ¡qué fiesta! , increíble Georgie poniéndose una cerveza tras otra sobre su Hammond y con Van tomando no se qué brebaje secreto y estrujando su voz como hace cuando quiere. La banda sonando como debe ser, y como nunca he vuelto a escuchar a ninguna otra banda de Van.
Al salir y después de aquello me pregunté ¿CÓMO ES POSIBLE QUE ME HAYA PERDIDO A ESTE HOMBRE ANTES?. Por supuesto que ya conocía a Van, creo que ya tenía el Too Long in Exile y el Hymns to the Silence, un amigo también me había grabado el A Night in San Francisco, pero no me habían calado. Después de aquello los volví a escuchar con otros oídos, y fui haciéndome de otros de sus discos. El A Night in San Francisco llegó a ser mi disco de cabecera durante muchos meses, ¡cómo me recordaba aquella noche de mayo del 96!, ¡qué apoteosis!, no dejé de ponerlo constantemente, en casa y en el coche.
Aquella noche fue la puerta de entrada a su música, después descubrí al Van profundo a aquel que en los temas lentos más “suyos” nos hace sentir esa congoja, ese nudo en la garganta, esa lágrima a punto de salir que nos hace sentir más humanos y encontrarnos con nosotros mismos.
Ningún otro concierto de Van ha sido como aquél en el que caí fulminado, los ha habido buenos y menos buenos, pero aquella fecha supuso un punto de inflexión en mis gustos musicales, por el soul, el blues el rythm and blues.
Javier Melgares
Jaime Bobillo:
Conocía a Van Morrison de oídas,de las revistas y libros de música, de las referencias que a él hacían otros músicos,de los temas que se oían por ahí, ya sabeis, el Gloria, el Brown Eyed Girl y poco más, nunca le había prestado demasiada atención a sus discos, me parecía otro cantante hippie más de los 70 venido a menos...me gustaban los grandes de los 70,si, Neil Young, Janis Joplin, etc pero este no lo veía yo como un clásico... lo que si me gustaba por encima de todo era el Soul, así, con mayúsculas, Otis Redding, Marvin Gaye, Bobby Womack,Curtis Mayfield etc, y por ahí vino todo.
Un buen día fui a mi tienda de discos y Carlos, el dueño, me invitó a que escuchara un disco de Soul que ya era antiguo pero que acababa de salir reeditado en CD,"es uno de los mejores jamás grabados", me dijo, era de Van Morrison, y se titulaba "It´s Too Late To Stop Now", me lo llevé para casa y me pasé toda la tarde escuchándolo sin parar. Aquello era increíble,la voz, la potencia, la fuerza del directo, el audaz uso de un quinteto de cuerda junto a una banda de soul, la sección de vientos, todo, todo,todo me encantaba.
Al cabo de dos días ya estaba en la tienda de discos pidiendo más de Van Morrison, Carlos me dijo que acababa de salir uno nuevo pero que no era de soul, me daba igual,quería saber más de este tío...Y me llevé a casa Too Long In Exile, y así caí fulminado, sé que algunos pensareis que es raro pillarse con el Too Long in Exile, pero a mí me pasó, y aún hoy es uno de mis discos favoritos de Van, me encanta la voz,negra y profunda, mucho más que en el Its Too Late, me encantan los teclados, me encantan las guitarras bluseras, me encantan los vibráfonos de fondo, me pierdo en los remolinos de Till we get the healing done, me parece sublime el Instrumental que cierra el disco y ese todo que forma con I´ll Take care of You y Tell me What You Want...estaba pillado, y estoy pillado todavía, a partir de ahi empezé a seguirle la pista a Van Morrison, la mayor parte del tiempo en solitario, y guiado casi en exclusiva por el libro de Eduardo Jordá, pero ha merecido la pena, la musica de Van Morrison me ha acompañado en muchos momentos de mi vida, por ahora en los mejores, y espero que lo haga también en los peores, me gustaría que sonara en mi funeral,aunque yo sea el único que no la oiga...
Un abrazo
Jaime Bobillo
Pablo Torres: De cómo conocí y me volví loco con Van Morrison
Fue de casualidad, viendo una película; una de esas románticas donde siempre ponen música en las escenas cumbres. De repente sonó una voz descomunal que inundaba todo el cine, poderosa y a la vez conmovedora. No tenía ni idea de quien cantaba, pero al salir me dije que tenia que hacerme con la banda sonora y ver quien era. La película era “Un día inolvidable” y la canción “have I told you lately” de Van Morrison. A la tienda...”Back on top” en oferta, y la voz inmensa. Me volví a por “The best of Van Morrison”; poca escapatoria me quedaba. Entonces una mujer me destrozó el corazón y lo afronté “como un adulto”, con una botella o dros...en un momento de lucidez, entre las paredes de aquel grimoso y acogedor pub, que fue mi casa un tiempo, sonaba “Healing Game”. Otra vez el irlandés se cruzaba en mi camino.
Navegaba en la red en busca de información sobre “The man” y di con la lista( Van Hispano), a la vez que leía la biografía de Van que había escrito Jordá. Se comentaba en el foro en el disco del mes, el ITLTSN. Fui a la tienda en busca de él....”Listen to the lion” y “Caravan” cambiaron mi vida...ya no había escapatoria, mi corazón se dejaba arrastrar por aquella voz desgarrada y sentida que era capaz de aplacar las heridas del corazón y hacerte sentir acompañado en el vacío y solitario abandono. Los discos caían uno detrás de otro...”Veedon Fleece”...otro universo, la lista...una familia...Griffin, Flor, Soler, Melgares...mis hermanos.
“En otro mundo, en otra época, en otro lugar, tengo un hogar en lo alto...para renacer...tan lejos”
-Astral Weeks
“Vamos a recorrer el país para llegar al alma verdadera...y tanto sigo la corriente como voy en su contra...”
-You don´t pull no punches, but you don´t push the river
“Cuando oigas la musica palpitando en tu alma
Y sientas que crece y crece en tu corazón
Y procede del Rock and Roll callejero
Y la curación ha empezado”
-And the healing has begun
Van Morrison, señores...
Pablo Torres
José Manuel Griffin:
Tengo que reconocer que en mi caso no fue un flechazo. Tardé, tardé un tiempo en caer definitivamente fulminado, en encontrar los tesoros ocultos que escondía este señor en sus discos, en reconocer bajo mis pies el sendero que me llevaba directo a Caledonia….
Eran finales de los 80, una época donde la música intentaba salir a flote después una década de travesía por el desierto, sin duda no eran buenos tiempos para el R’N’R. Algunos chavales nos refugiábamos del chaparrón en los grandes clásicos de los setenta, en Dylan, en Bowie, en Lou Reed o en los Stones, por supuesto. Junto con un colega del instituto, solíamos frecuentar la única tienda de discos de vinilo de segunda mano que había en mi ciudad, donde con un poco de suerte podíamos encontrar una jugosa pieza de Clapton o de Jethro Tull por unas cuantas perras y a continuación irnos a mi casa y escucharla un par de veces o tres; sin duda era el mejor momento de la semana. En cierta ocasión vi. una portada que me impactó. Era muy sombría, se veía a un tipo menudo agarrado a un micrófono con un haz de luz detrás, en una elegante pose con un traje negro discreto, todo con una tonalidad azul muy hermosa. El disco era “It´s too late to stop now”, claro, y el tipo en cuestión Van Morrison. El nombre me sonaba de una enciclopedia del rock que tenía, pero no sabía nada de él. Decidí “cazar la presa”, era un poco más cara de lo habitual, pero por suerte llevaba suficiente pasta ese día. Después, lo de siempre, me fui a casa, pinché el disco en el giradiscos……. pero no hubo suerte. Las piezas largas, “Listen to the Lion” o “Cypres Avenue” me parecieron bastante aburridas, y el supuesto rock, falto de fuerza. Sin duda no estaba preparado para emprender ese viaje……
Años más tarde, hacia 1996, andaba yo pasando el mal trago de realizar el servicio militar. En las interminables tardes y noches que se sucedían, la música era mi única compañera de fiar, y consumía una cinta detrás de otra en mi viejo walkman. En cierta ocasión, andaba corto de material y le pedí auxilio a un compañero de litera. Me dio un puñado de viejas y desgastadas cintas, entre ellas una del amigo Van Morrison, se llamaba “Into the Music”, y, esta vez sí, se obró el milagro……definitivamente se me abrieron los ojos y fui capaz de asumir lo que tenía delante mía. Ese fin de semana llegué a casa y desempolvé el viejo vinilo de ITLST, ahora todo encajaba, corrí a la tienda y me hice con cuanto pude, “Moondance”, “Tupelo Honey”, “Common One”, uno detrás de otro…… Y por supuesto Astral Weeks, el verso definitivo, la palabra sagrada. Seguí leyendo, informándome, empapándome, casualmente Van empezó a tener mucho éxito con el disco “Days like this”, después el “Healing Game”, el “Back on Top” ….
Desde entonces Van ocupa una parte muy importante de mi tiempo, mis conversaciones y mis pensamientos, es una fuente inagotable para mí. Su obra hasta 1974, más el disco “Into the Music” de 1979 son la columna vertebral de mi discoteca, es el único que le tose a mi Gurú Dylan, es la voz blanca más cercana a los grandes del soul que tanto adoro, está en el Olimpo junto a sus/nuestros admirados (esto es algo que Van y yo tenemos mucho en común) John Lee Hooker, Ray Charles y Sam Cooke, es …..VAN MORRISON, el único, el incunable, el eterno.
Después, gracias al grupo Van Hispano, encontré a unos inseparables compañeros de viaje, que desde entonces me acompañan en esta travesía, en este trasbordo a la vieja Caledonia, tan lejana, tan cercana……. El haber encontrado a los que hoy son mis hermanos es otra de las deudas eternas que tengo con el irlandés, él me indicará el peaje que tengo que pagar….
Griffin
Enrique Moreno:
Fulminado no es la palabra. No caí fulminado por Van y su música. En realidad, lo que viví fue un proceso distinto. Algo así como una decantación lenta e inexorable. Como si el inevitable transcurrir del tiempo sólo llevara hasta allí.
Me crié en un barrio extremo que, en honor a la verdad, era un aparente oasis, artificial, en el centro de un entorno en el que, como escribiera Candel, “la ciudad pierde su nombre”. A mediados de los 60 todavía imperaba allí el pensamiento único, en todos los sentido, en especial en el plano político-religioso. En ese contexto, a los 13 años, la música fue un descubrimiento providencial, un asidero sin parangón para alguien que buscaba “su lugar en el mundo”, una excusa, un pretexto para arremeter contra casi todo.
La música, en mayúsculas, cualquier tipo de música. Material de aluvión para el intento de construir un delta propio donde poder enfrentarse al resto de cuestiones que cualquier adolescente no sabe como resolver. A los 14 devoraba la música y a los 15 me convertí en un coleccionista compulsivo. Cualquier vinilo era bienvenido. Máxime si eran de los Hollies, o los Beach Boys, o los Four Tops, o los Beatles, o los Kinks, o ... la lista sería interminable. Ahí aparece “Gloria”, en la versión de un grupo del barrio de al lado, que, en un descuido, se apoderan de los instrumentos de los hijos de la panadera (los únicos con poder adquisitivo para tener guitarras, bajo y batería), y nos dejan lelos con su versión de la canción de Van (en ese momento, todavía no sé quien es¡¡¡) y su posterior interpretación de “What’d I Say”. Aquello abre nuevas vías. Por las que me lanzo atropelladamente.
Desde ese momento, y hasta ahora, he mamado música, cualquier tipo de música, en cualquier circunstancia. Y ella ha sido el antídoto que he empleado para huir de la locura a la que, en muchas ocasiones, nos lleva la vida. Ya sabes¡¡. No se puede vivir impunemente.
Y dentro de ese proceso, la decantación a la que antes me refería lleva, inexorablemente, a Van. Yo también creo, con él, en el poder sanador de la música. Poder que no todas las músicas tienen. Y a medida que creces, probablemente el único privilegio es escoger tú medicina. Tengo en las estanterías de casa montones de vinilos y cds que ahora no pondría bajo ningún concepto. Que posiblemente en su momento cumplieron su función, incluso aunque sólo fuera la de enseñarme que esa música no iba, no llevaba, a ninguna parte. Sin embargo en ese proceso, la obra de Van ha ido creciendo en importancia, para mí, de manera imparable. Siempre regreso a su obra. Siempre me aporta algo. Ahora, hasta tal punto, que quiero que esté siempre ahí.
Y dentro de su obra, soy del “Veedon Fleece”. Acepto, sin ambages, sin dar paso a la polémica, que “Astral Weeks” es superior. Y confieso que mi canción favorita de Van es “Madame George”. Reconozco que otras obras son realmente maravillosas. Y, por supuesto, hay decenas de canciones que me erizan el vello como ya lo hacen muy pocas cosas. Pero no me puedo resistir a la magia del Vellocino. Viví con él tantas cosas especiales, que no sabría, aunque quisiera, como traicionarlo. Para colmo, cada vez que oigo “Streets Of Arklow” ..... esa flauta¡¡¡ .... nada describe mejor los paisajes de la infancia que no tuve, que dejé que me arrebataran. Y llegado el momento de echar la vista atrás, sabes, esas cosas son definitivas.
Sé que por el camino me dejo muchas cosas (creo que fue Borges el que escribió que la “memoria escoge lo que olvida”) pero por muy selectiva que sea la memoria, la presencia de la obra de Van no se difumina, ni siquiera ahora que, cuando menos aparentemente, ha empezado una decadencia a la que, nosotros, sus compulsivos admiradores, le negamos todo derecho. Todavía pienso que el peor de sus discos es mejor que el mejor de muchos otros artistas y que en el peor de sus conciertos suele haber un momento mágico por el que suspirarían muchos creadores.
Si, añado, además esa música me ha traído, como de la nada, un puñado de personas con las que compartir todo eso ... no es que la curación haya empezado, es que está a punto de llegar.
Enrique Moreno
Magda Mateu:
Si Van Morrison no hubiese sido irlandés quizá nunca le habría conocido. Por aquella época andaba yo enamorada de todo lo relacionado con Irlanda y con su música más tradicional. No he sido nunca fan de nadie, ni siquiera en mi adolescencia cuando “Los Pecos”, “Mecano”, y otros intérpretes de dudoso gusto (para mí) copaban el terreno musical entre los adolescentes. Me hacía gracia ver como mis amigas llenaban sus habitaciones de pósters cuando yo no tenía ninguno, ni ganas, lo cual no significa que no me gustara la música, que no fuera a fiestas ni a bailar, ni tuviera discos, sin embargo me atraía también otro tipo de música que quizá ahora encuentro de alguna manera en él.
La música tradicional, creo que de todos los lugares, incluye cantos que salen de lo más hondo... flamenco, blues, celta... eso me gustaba. El cantar desde las entrañas, sin demasiados artificios. Viajé por vez primera a Irlanda allá por el 1995 y tuve la oportunidad de ver como en los pubs de las islas Aran, al oeste de Irlanda, cantaban algo muy parecido a eso que todos conocemos...
Bueno, y quedé enganchada exactamente en 1996. Me compré el disco de “Los Chieftains” : “The Long Black Veil”. En el tienen una colaboración con Van, que es la versión más preciosa de “Have I Told You Lately” que he oído nunca. El arpa del malogrado Derek Bell y el whistle de Paddy introducen delicadamente lo que será toda una declaración de amor que yo tomé como algo muy personal... entonces me dediqué a buscar todo lo relacionado con Van... por aquella época sucedieron dos cosas: fui a ver la película “Phenomenon”, con John Travolta, que estrenaban... ahí sonó otro tema, cantado por una chica : “Crazy Love”. No sabía de quien era y también quedé fascinada, me quedé a ver los créditos (cosa rara en mi) y descubrí que el compositor del tema era Van Morrison ... ¡ El mismo que tenía esa fantástica voz en el disco que me había comprado! Y de ahí salió la bola de nieve... y que bola! Al cabo de poco el fabuloso concierto que dio en el Pavelló de la Vall D’Hebron, en Octubre de 1996, al cual fui sabiendo solamente 3 o 4 temas de él... y tambien el hecho de que, junto con cuatro colegas (de los que todavía sigo en contacto con algunos) fundamos el primer “Club de Fans” de Van Morrison de Barcelona y nos reunimos en el “Pizza Hut” a interacambiar “cromos”... también recibí mis primeros boots en cinta de cassette de la lista de correos de van-l (que todavía funciona), etc.
Lo curioso es que... he encontrado, retenido y perdido a gente en mi camino durante estos nueve años (nueve años ya!!) gente a la que le gusta la música, a la que no, que no saben quien es Van Morrison o que sí que lo saben y te dicen que está enterrado en París... me he relacionado con todos ellos de distintas formas, pero existe una especie de conexión extraña con todo aquel que vibra como todos sabemos con la música y con la voz de Van. ¿No sé si será mucho decir que en el fondo estamos hechos de la misma pasta?
Magda Mateu
Julia:
Ha vuelto a nevar, y esta vez a nivel del mar. Hoy amaneció Menorca mas blanca que nunca. Y hoy, como hace tres años suena “Philosophers Stone” dentro de un coche que conduce el mismo menorquín que ha llenado de luz mi vida y que me presentó a Van Morrison en mi tierra castellana, también cubierta de nieve en aquellos días.
Les conocí prácticamente a la vez. Hacia unas horas que había comenzado nuestro “Viaje a Caledonia” y mi curiosidad musical me llevó a preguntar por aquella canción que se me estaba metiendo por los poros de la piel que de por sí estaban bastante sensibles por el momento emocional que estaba viviendo.
Entre mantos de hielo y nieve blanca se asomó la sobra negra de Van Morrison desde la portada del “Back on Top”. En mi total ignorancia se me ocurrió preguntar:….” ¿Quien es este tipo ?” . Y “Mi Hombre” me contestó: “Es Dios”.
Después en mi primer concierto de Van , en Salamanca, lo comprendí. Allí Miguel Lopez,, me empapó de la “religión vanática”. Y me monté en esa “caravana” que para mi, acababa de ponerse en marcha…
Julia
Mayte Ferrando:
Viaje a Caledonia,
el Billete desesperado de Van,
el sueño inalcanzable del retorno....
.. su anhelado destino
Gracias, por haberme tenido atrapada durante las 384 páginas del libro por los placenteros brazos de la emoción,
por un tiempo al que por momentos, he deseado pertenecer,
por un lugar en el que no he estado salvo en la imaginación,
por una distancia que hace tiempo que no recorría.... la que me lleva desde mis primeros momentos de contacto con la música de Van hasta hoy.
Tomé el libro con ganas de tragármelo de una sola vez y con el deseo, al mismo tiempo de que no acabara,
Con la emoción de alguien a quien le acaba de caer en las manos el mapa que contiene un tesoro,
Y que conforme se adentra en él, siente que no decepciona.
Disfruté hallando respuestas a preguntas sobre Van,
Desvelos íntimos y menos íntimos sobre su vida, desde su niñez hasta su momento actual, razones..... y ¡porqués!, adentrándome en el libro a través de una narrativa emotiva y amena, de la mejor manera: recorriendo las canciones, una a una hasta completar su discografía, y dejando que se filtrara en mí, el libro, la música, todo.
Por momentos sentía que acompañaba a Van en ese viaje a Caledonia,
Pero cada uno tenemos nuestro propio viaje emprendido
Y ese solo puede recorrerse solo.
¡Gracias de nuevo!. "
Mayte Ferrando
Miguel Novo:
“Cleaning Windows” me entró por una oreja y”Bulbs” me sellaba la otra, con lo cual ese sonido no podía salir de mi cabeza. No sabía ni quien era el tío que estaba cantando, pero lo que sí supe desde el primer momento es que mi fanática obsesión y defensa de Bob Dylan como el que más discos ocupaba en mis estanterías corría serio peligro. Al recordarlo hoy pienso lo que pudo haber pasado si la primera audición fuese “Listen To The Lion” o algo de Astral (sudores, mareos…).
Por aquel entonces compartía con más calma cervezas y música con algunos de los nombrados en vuestros agradecimientos de “Viaje a Caledonia”, con lo que en poco tiempo las noches dejaron de ser para dormir y sí para soñar “gracias a ellos” y a las listas de álbumes que me iban recomendando. “Saint Dominic´s...” el impresionante “No Guru…” ( me gustó la forma de contar en el libro lo de Oh yeah y lo que previsiblemente vendría luego, algo que creo que compartimos mucha gente esperando que un nuevo tema arranque así), poco después pasaría mucho tiempo enfrascado y totalmente perturbado con Astral (mi mujer me decía que sólo me faltaba escucharlo al revés).
Creo que por estas fechas pasé a mi querido Robert Z. a la estantería de abajo (nuestra relación sigue gozando de gran estabilidad).
Fueron desfilando por el plato (más bien por el CD) todos y cada uno de los demás discos. Parada especial en “Into the Music” y abusando del “It´s Too Late” en las juergas en casa.
Luego vinieron los conciertos, La Coruña (que pena que coincidiese con la gira de Linda y ese triste disco), Oviedo, el no tocado en Santiago de Compostela (recuerdo la espera y la lluvia, de los primeros en la cola viendo los charcos en La Quintana) un marco aunque suene a coletilla realmente incomparable y que podría haber sido algo grande de verdad, Vigo, etc.
La obsesión era sana pero demasiado fuerte, y una vez reunido lo oficial me adentré en el ingente mundo de lo recogido con grabadoras de bolsillo (por ahí seguimos por ahora).
¿De los últimos?, lo cierto es que aún no he terminado de oír los demás. Tenemos en casa casi sin abrir lo de Blue Note y poco escuchado “Down the Road”, pero seguro que dentro de unos años me tiraré de los pelos por no prestarle atención antes.
En fin. Seguro que hay alguien que nos entiende. Un saludo.
Miguel Novo
Jordi Abad:
Hasta hace muy poco no le presté especial atención ni a VAN MORRISON ni a su música. En el otoño de 2000 VAN THE MAN dio un concierto en Barcelona y un conocido de Madrid, un tal Miguel López, me lió para que fuera con él. No voy a hacer ningún comentario sobre ese concierto, ni sobre Linda Gail Lewis, lo más destacable de la noche, como casi siempre, la compañía y las cervezas del postconcierto.
Unos días después pasé por el despacho de un amigo y no sé como, acabamos hablando del concierto y de VAN, lo que contaba mi amigo no me cuadraba con los bailables del viernes anterior. El tema habría quedado zanjado y olvidado si mi amigo no hubiera tenido allí un par de CD’s de VAN MORRISON, eran Astral Weeks y Van Morrison His Band And The Street Choir, fueron más que suficiente, sino para caer fulminado si para centrar mi atención en el GORDO.
Y oí Astral Weeks y Van Morrison His Band And The Street Choir y volví a oírlos y seguí oyéndolos y seguí con Live At The Grand Opera House, It´s too late to stop now, Common One, Avalon Sunset y seguí y seguí y entré en VAN HISPANO y me dió por aparecer en algún que otro concierto y me encontré a gente como Antonio Soler, gente que muestra esa luz que proviene de regiones del alma que sólo la música pude iluminar, una luz a la que algunos llaman Caledonia. Y no sé como una tarde de julio me desperté camino de Glanstonbury, con la chica del vestido rojo y los niños, perdidos en Somerset buscando un concierto de VAN THE MAN. Pero yo no soy consciente de haber caído fulminado por ningún GORDO ABUSÓN, ni por ese GORDO que algunas veces se dedica a mostrarse a sí mismo un poco de lo que aún sería capaz de hacer y no hace.
Jordi Abad
Lago Constanza 42 Revisited:
Tengo mala memoria, de eso pueden dar fe quienes me conocen un poco, y es especialmente mala en lo relativo a la orientación temporal. Y no es cosa de la edad. Siempre ha sido así. Nunca he podido relacionar un hecho concreto con un año, no digamos con un día, en particular. Si veo una fotografía, me resulta extremadamente dificultoso ponerle fecha. Sin embargo, los hechos están ahí, llamando a la puerta para ser recibidos.
Para recordar lugares, tengo que aferrarme a pequeños detalles, a vivencias concretas que sirven de contraseña para acceder a esos archivos que están en alguna carpeta de mi cerebro. Lo malo es que mi SOC -Sistema Operativo Cerebral- es aún peor que el más desastroso Windows que podáis imaginar.
Por ejemplo, y para ser original con la frase, pongamos que hablo de Madrid.
¿Qué cosas materiales relacionadas con esta ciudad se me vienen al pensamiento en primer lugar cuando pienso en ella? Fundamentalmente son cuatro, no necesariamente por este orden: las patatas bravas de Docamar, el olor del Metro -sí, soy uno de esos escasos degenerados a los que les embriaga el olor del Metro de Madrid; el de Bilbao me resulta excesivamente nuevo, aséptico-, los barros de Riaño y la casa de Lago Constanza 42. También me acuerdo perfectamente de una papelera desfondada del andén de la estación de Quintana en la que vomité con toda precisión sobre mis Adidas, pero eso es otra historia.
No recuerdo exactamente el piso -¿tal vez el segundo?-, pero sí, con toda exactitud, su distribución. Y, por supuesto, casi todo lo que allí viví. En Lago Constanza 42, la casa de mi amigo Alfredo, comí, bebí, dormí, bebí, jugué al ajedrez, bebí, vomité y luego volví a beber. Pero, sobre todas las cosas, lo que hice allí fue escuchar música, buenísima música. De acuerdo, alguna no tan buena, como el Honky Chateau de Elton John que Alfredo se compró en Santander, dudando entre ése disco y Harvest. Al final yo le aconsejé el de Elton John y me hizo caso. Espero que me haya perdonado.
No podría hacer una relación exhaustiva de todo lo que allí disfruté musicalmente sin aburriros con una larga y tediosa lista, así que resumiré como antes he hecho con las cosas que me recuerdan a Madrid. Obviamente, CSN&Y, ya sea los cuatro juntos, por separado o en las más diversas combinaciones a dos o a tres, y especialmente Teach Your Children; los Alman Brothers y la versión del Fillmore de In Memory Of Elizabeth Reed, que lleva adjunto el porrazo espectacular que me pegué al caerme de la cama cuando la canción terminó; Led Zeppelín; Joan Baez cantando una canción de Mike Newbury llamada Angeline, ésta por amargos y llorosos motivos, igualmente inconfesables que los de Teach Your Children; y, por último, aunque en primer lugar en mis recuerdos, Astral Weeks.
Y no digo Van Morrison, digo ASTRAL WEEKS. Fue escuchar "The love's to love the love's to love the love's to love..." y quedarme colgado para los restos. Y, sin tiempo para recuperarme, sin anestesia ni nada, desplegar las alas porque el show debía continuar. Jamás había escuchado antes a aquel tipo, pero cuando terminó Slim Slow Slider, sólo tenía dos alternativas: volver a escuchar Astral Weeks hasta que el vinilo se desgastase y la aguja del plato hiciese un surco hasta las antípodas, o pegarme un tiro en cada oreja para quedarme sordo y que mi último recuerdo musical fuese Astral Weeks. Por suerte, no opté por alguna de las dos. No creo que a Alfredo le hubiese hecho mucha gracia que le jodiera el equipo de música, y a mí todavía me quedaban muchas maravillas musicales por descubrir.
Ahora Alfredo se ha hecho un experto del Flamenco y yo me he convertido en un obseso de la Celtic Music, pero siempre nos quedará el recuerdo de aquella primera escucha de Astral Weeks.
Francisco Alonso:
Soy un isleño. A comienzos del año pasado, en Tenerife, actuó dos días un tipo corriente en apariencia al que ya unos años antes, peregriné para ver en Las Palmas, en el festival Womad . Nunca hubiera imaginado seriamente que Van Morrison visitara una pequeña isla del Atlántico, en donde residían las cenizas que un día aquél hombre corriente había causado con la impronta de su voz, cauce de lo más sublime de nuestra vida ordinaria y el rayo que parte tu vida en un antes y un después. Su poderosa energía no te carboniza, al contrario, convierte en diamante el ordinario existir. Es prosaico que el canto de otro isleño tenga a la radio como vehículo un día, y después de veinte años puedas verlo y oírlo dos tardes en tu ciudad, cantando la canción con la que te fulminó, ya como si fuera un viejo amigo.
Situar el escenario es sencillo, no así determinar la experiencia.
Yo era un pibe que preparaba oposiciones a agente de aduanas, ya veis... Estaba en mi habitación inmerso en la solución de alguna ecuación, con la radio puesta, creo que era Radio 80, Serie Oro , donde solían emitir standars de los 50's, 60's y 70' fundamentalmente. Desde que distinguí, abstraído en las relaciones matemáticas en que me hallaba, los rasgos y tiempos de una voz que cabalgaba en un boogie al que luego denominaron Gloria , no puedo determinar cuándo caí fulminado, simplemente, sucedió.
Me afané en conseguir material del grupo al que autorizaron el tema, los Them . A partir de entonces la búsqueda en que el mismo Van Morrison se emplea ha sido un espejo, a veces no muy fiel, de la mía propia. Buceé en su obra, y emergí, y nadé, y aún nado, y espero seguir haciéndolo mucho tiempo, y que el océano anchuroso de la música de este artista honesto y errabundo me conduzca a la ansiada orilla del hogar espiritual añorado. Eso él lo consigue cuando se sincera cantando, como todo un artista. Y si unos proclamaron ya un rey para el rock & roll, quizá él pueda presidir la república que él mismo fundó, más allá de las fronteras que franquea en los estilos de música, entre los países a los que visita, y siempre siendo, como diría Nietzsche, humano, demasiado humano .
Francisco Alonso
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